Grafemas

Boletín de la AILCFH

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Entrevistas: Inés Ferrero Cándenas, University of Edinburgh, United Kingdom
Publicado en Grafemas diciembre 2007

Entrevista a Carmen Boullosa

Carmen Boullosa nace en México DF en 1954. Es novelista, poeta y dramaturga, pero también se ha aventurado con libros infantiles, ensayo y artículos de opinión. Actualmente reside en Brooklyn, escribiendo prolíficamente e impartiendo clases de literatura en la Universidad Pública de Nueva York (CUNY). Sus novelas más recientes son La otra mano de Lepanto (2005) y La novela perfecta (2006). La próxima, El Velázquez de París, está a punto de llegar a las librerías de la mano de Siruela.

La obra de Boullosa ha traspasado innumerables fronteras y ha sido traducida a varios idiomas, recogiendo prestigiosos premios como el mexicano Xavier Villaurrutia por su novela Antes (1989), el premio Liberatur de la ciudad de Frankfurt y el Anna Seghers de la Academia de Berlín. Sus narraciones están unidas por una sensibilidad común que entreteje la historia colonial, el proceso de la memoria y el poder de la magia y el mito. Sin embargo, Carmen sabe mover sabiamente las piezas de su ‘tablero literario’, no dejando que un imaginario estático la encasille. Sus historias no siempre son fáciles, a veces, son incluso imposibles.

Dos veranos atrás conocí a Carmen en el DF. Acepté gustosa la invitación a su casa para mantener la conversación que se reproduce a continuación. Mi intención no era hacerle una entrevista, sino charlar con ella sobre aspectos que pudieran  informar mi investigación. Sentadas en el salón, empezamos dialogando acerca de su producción literaria para terminar conversando acerca de lo que significa la literatura fantástica y  contrastar opiniones sobre otros autores y pintoras que, por diversos motivos, han dejado huella en la cultura contemporánea. Mientras comentaba dicha cultura, Carmen dejó entrever su visión particular del país en el que se germinó su obra; un México al que, según la autora, ‘le encanta destruirse para parecer uno que no es él’.

Inés Ferrero: ¿Crees que se podrían establecer ciertas similitudes entre Antes y Treinta Años?
Carmen Boullosa: Pienso que son libros hermanos. Es un personaje con las mismas obsesiones de la autora puestas a andar, sólo que en un ambiente rural y en un ambiente urbano. Digamos que es la misma persona y las mismas obsesiones en los distintos entornos y es precisamente ese entorno lo que cambia la historia de los personajes. La niña que oye pasos vive en una amenaza totalmente diferente a la niña de Treinta Años, Delmira, que también vive una amenaza desde que nace. Las dos viven amenazas similares, pero desenvueltas en diferentes  escenarios, en dos mundos completamente dispares.
Ferrero: En muchas de tus obras hay un niño o una niña ¿Por qué la mirada del niño?
Boullosa: Pues porque es la mirada que no puede controlar la pesadilla. En esa mirada no existe el mundo racional del adulto que pueda contener el sentido de amenaza. Los niños pueden estructurarlo de una manera distinta al adulto, elaboran diferente un sentimiento de angustia o de amenaza. Y estos dos personajes niñas (que también aparece en Mejor Desaparece, aunque  en esta novela la pesadilla ocurre a medida que se desarrolla la historia y en los otros la amenaza está por llegar), como decía, estos dos personajes tienen la certeza de que va a llegar una amenaza que no van a saber controlar, aunque se encarne diferente, en diferentes momentos. Una amenaza que va a desobedecer el orden de la  razón y de la realidad.
Ferrero: Puede apreciarse un desorden de la razón y la realidad en casi todas tus novelas. Cómo nombrarías o explicarías esta constante.
Boullosa: Casi siempre tengo las mismas obsesiones de autora, que si las pudiera verdaderamente formular no estaría escribiendo, inventando fábulas precisamente para tratar de aprehender esas obsesiones. Lo que hago son juegos literarios, por lo que todas  las novelas son, hasta cierto punto, parodias. Parodias que a veces son respetuosas y a veces no son respetuosas. Parodias y pastiches de géneros literarios. Treinta Años es obviamente un pastiche de la literatura de los sesenta, donde está Elena Garro, donde está García Márquez, donde está la literatura fantástica de Bioy, mejor dicho la del Segundo Bioy… y donde está la obsesión que tienen ellos con la literatura fantástica. Treinta Años es una parodia de este tipo de literatura, y la historia ocurre precisamente en los sesenta.
Ferrero: ¿En qué otras novelas parodias un género específico?
Boullosa: Pongamos el caso de Antes. Antes también es un pastiche y una parodia de la novela de iniciación, más situada en los cincuenta, en el primer Bioy Casares o en el López Páez mexicano, un poco previo al Boom. Mis novelas de piratas curiosamente también son novelas de iniciación. El personaje Smeeks es un jovencito que se va  a hacer adulto, que tiene el miedo y la certeza de que el mundo del adulto lo va a iniciar a la violencia. Pero lo que hago es situarlo en un contexto histórico y hacer un pastiche de la novela picaresca. Y ésta es una parodia amable y la lengua es un pastiche, un juego narrativo.
Ferrero: También es un mundo muy grotesco…
Boullosa: Sí, ahí de nuevo sale la misma sensibilidad que en las anteriores, las mismas obsesiones, pero yo busco un tablero para no estar siempre escribiendo lo mismo…. Pongo la fábula a andar en ese tablero literario, pongo mi escenario y uso las reglas del juego. Claro, todas metidas en mi manera de pensar, de ver las cosas, pero siempre pongo un escenario.
Ferrero: ¿Cómo elaboraste el escenario de La Otra Mano de Lepanto?
Boullosa: En La Otra Mano de Lepanto recreo el escenario del Siglo de Oro Español. Es como una novela de la era de Cervantes que ‘narra las aventuras de…’ Digamos que también es una parodia de esta forma de novelar. Claro, que en todas pongo yo mi ojo contemporáneo. Son parodias, son pastiches, pero no tienen el respeto completo de las reglas de juego. Es un tablero trucado a lo que a mí me conviene.
Ferrero: ¿Hay en este juego una correspondencia histórica?
Boullosa: En La Otra Mano hay un atrás y un adelante. El juego es más complicado porque pongo un tablero histórico cuya corriente ocurre en el siglo dieciséis… y después en el diecisiete, pero está contado haciendo una parodia a la manera que se harían las parodias a principios del siglo veinte: una coherencia histórica contada a la manera de la novela decimonónica, pero a la vez contemporánea. Yo pongo mis fichas y me propongo hacer un juego literario en el que a veces la narrativa puede funcionar o puede no funcionar, y el escritor hace una apuesta, una apuesta de juego voluntaria. No es como una narrativa fresca y espontánea, quiero imponerme las reglas de ese juego. Como en la novela de Cleopatra, donde también realizo el juego con el escenario de su tiempo.
Ferrero: ¿Pasa esto en todas tus novelas?
Boullosa: Sí, en todas. Ahora, en todos esos juegos, puedes ver evidentemente la marca de mi generación y la marca de eso que llaman influencias. Una estética de la que yo no puedo escapar, que es la estética de la generación que sigue a la de Elena Garro, porque yo me salté una generación aquí en México. No estoy influenciada, ni me interesó, ni sentí nunca simpatía por la narrativa de la Onda, por el ‘realismo sucio mexicano’, no me interesó. A mí me gustaban los mundos como los de Remedios Varo, me gustaba ese mundo en el que para entender un presente que es difícilmente digerible, en lugar de optar por la descripción minuciosa de lo que tocó en el día de hoy, se impongan tableros literarios que me lleven a otras épocas. Es mi alma de ciudadana que creció en los sesenta y en los setenta y que admiraba la literatura fantástica, el arte plástico fantástico y sentir que eso era para mí la manera más directa de tocar lo que ocurría aquí en los dos mil.
Ferrero: Entonces sí consideras qué hay una influencia en tu obra de esta generación previa…
Boullosa: Sí, sí hay una influencia. Bueno, más que influencia… las influencias uno no las escoge, yo creo que más bien son maldiciones. Yo me veía a mi misma enteramente ahí metida.
Ferrero: Háblame más sobre lo fantástico y el papel que este elemento juega en tu obra.
Boullosa: En mi generación había el debate, cuando éramos muy jóvenes escritores, de los que querían escribir como José Agustín, de los que querían hacer un mundo realista, mirar a la ciudad, representar lo que pasaba en la ciudad directamente y habíamos otros que decíamos:  ‘NO, es que a nosotros lo que nos gusta es la literatura fantástica y los demás lo encontrábamos despreciable, porque era la mejor manera de hablar de lo que nos rodeaba y lo otro nos parecía que no nos llevaba a ningún lado, que era una pérdida de tiempo. Fue una posición estética desde un principio, yo casi más que pensar en una influencia pensaría que es así como una declaración de fe, como una cosa en la que estás atrapado, que escoges pero que al mismo tiempo no podías escoger, y que está dispuesto ahí. Irremediablemente.
Ferrero: ¿Hasta qué punto crees  que este tipo de literatura estuvo influenciada por el movimiento surrealista?
Boullosa: Creo que tuvo mucho que ver con el movimiento francés y que tuvo que ver también con la pasión a esas alturas del siglo veinte por lo que eran las culturas vernáculas y las culturas que se alejaban de la Europea. Al mismo tiempo que existía la pasión por los cuentos indios, los cuentos africanos, los cuentos tradicionales medievales, hacían un redescubrimiento de aquella narrativa tradicional fantástica y se encontraban con el surrealismo.
Ferrero: ¿Qué piensas del término realismo mágico?
Boullosa: Me incomoda la palabra. Cuando yo era joven autora, cuando tenía dieciocho o diecinueve años me gustaba la literatura de Bioy, la de Borges que es maravillosa, la literatura de Silvina Ocampo, la de Navarro, algunas cosas de García Márquez me encantaban pero… el realismo mágico como una marca… como eso que después definiría a esas novelas que se hicieron como copiando un producto comercial, me incomoda, no me ilusiona. El término me parece como una vulgarización de algo maravilloso de verdad, algo que tiene mucho que deberle y que no sé explicar.
Ferrero: Quizá se ha convertido en un término ‘paraguas’, algo que ha perdido ya la capacidad de poder definirse…
Boullosa: No lo sé, se nota cuando algo se escribe para la plata. Y a veces se escribe porque te lo mandan escribir, y eso también se nota. No sabría exactamente definirlo pero sé que cuando leo a Isabel Allende me da una tristeza enorme…y eso es realismo mágico, así que realmente no lo sé.
Ferrero: ¿No te gusta Isabel Allende?
Boullosa: Todavía La casa de los espíritus es una novela que no me disgusta, porque como fenómeno sociológico todos creíamos que era una novela de eso terrible que había ocurrido en Chile, pero no tiene la densidad literaria, no tiene la multiplicidad de sentidos que yo esperaría de un texto literario. Digamos por ejemplo la obra de Roberto Bolaño, uno se queda siempre desconcertado diciendo pero ¿Qué, cómo, qué pasó aquí? Y eso nunca pasa con Allende, ella te lleva siempre de la mano y nunca suelta al lector. Te conduce de principio a fin como un niño chiquito y sales muy claro, bañado con la certeza de que estás del lado de los buenos. Mientras que lees a Roberto Bolaño y te quedas con la impresión de que has tenido un contacto con el mal, con lo que en realidad ocurrió en la guerra sucia chilena, que es inexplicable. Claro que es explicable pero a la vez es tan horrorosamente inexplicable que abre ese espacio al desconcierto. Ese espacio reflejado en su literatura.
Ferrero: Muchos de tus libros abren un espacio al desconcierto, ¿es esto una posición estética determinada?
Boullosa: Ay, no sé. Justamente no tengo ni idea, yo creo que el gusto es una cosa radical, y el gusto no es un barniz, y no es una influencia exterior. No es una cosa que uno elija, es una cosa que uno necesita. Ese necesitar explicar lo que le pasaba a mi personaje  sin nombre de Antes. Necesité de ese tipo de racionalidad, porque sí hay una racionalidad, no es que ocurran milagros incoherentes, hay una racionalidad exigida por el personaje. Eso que ella sentía no lo podía hacer en otro tipo de imaginario. Igualito le pasa a la niña de Treinta Años, lo que ella vive, el dilema que ella vive, es el dilema colectivo de un mundo rural mexicano en el que, en diez años, pasaron de la época medieval y del imaginario medieval a la era del rock y a la televisión. Ese mundo, vivirlo, organizarlo y proyectarlo es terrible.  El imaginario se adapta a la protagonista y la atmósfera social que la rodea. Pasan por ella como ocho décadas de un golpe, en un pistoletazo, pero ¡es que así fue! Es un mundo donde todavía existían las fincas, donde vivían prácticamente sumidos en la esclavitud y de repente entraron la televisión y el rock and roll. Entró otro mundo y Delmira ya no pudo entrar al mundo de sus mayores. No hay otra manera de explicarlo que con este tipo de imaginario en el que ocurren cosas que aparentemente no son reales. Pero que para ella son reales.
Ferrero: Me da la impresión de que esta convivencia de dos épocas es bastante común en México. Recuerdo cuando entré en San Juan Chamula, aquello fue un claro ejemplo de que existía un orden de realidad que para mí era completamente irreal.
Boullosa: ¡Pero es que ya la ciudad de México es irreal! es que es una cosa… es imposible. Son dos tiempos obligados a vivir en el mismo año. Y eso que ves en San Juan Chamula está presente aquí. La ciudad de México tenía tres millones de habitantes cuando yo nací, ahora veinte. Gran parte de la gente que provocó la expansión demográfica en México venía de sitios como San Juan Chamula. Hay en la ciudad de México viviendo tres millones de indígenas que no hablan español. Al mismo tiempo que se empezaron a construir esos pisos, esas torres, y que es todo muy moderno con los rascacielos y tal… Mira,  es que lo siento, los habitantes están comprimidos en un rango que va del siglo trece al siglo veintiuno, conviviendo en un tiempo que es ilógico. Si lo ves con ojos occidentales dices: ¡pero qué es esto! Es tan imposible como entender que en San Juan Chamula sigan hoy, en el siglo veintiuno, viviendo como viven. Es un país con un presente que tiene que convivir con un tiempo que no es el suyo.
Ferrero: Siempre está presente ese México en el que conviven dos tiempos en tus novelas, como por ejemplo en Llanto o en Duerme...
Boullosa: En Duerme quise encarnar en el personaje una metáfora del mestizaje. Pero no vivida como en el mito nacional mexicano, sino el mestizaje como la manera armónica de hacer México. Y es que el mestizaje es una violencia inmensa, es una violencia porque son mundos que no entran en diálogo sino que hay una imposición de violencia y de poder salvaje. El personaje, aunque ella sea blanca, (porque ella es blanca) y en teoría debiera tener todas las de ganar, como es mujer que llega en el papel de hombre, llega ya desgastada, por decirlo así. Después tiene que perder su sangre para sobrevivir. Por eso te digo que es una metáfora, tiene que desertar de su raza para sobrevivir y eso inmediatamente la coloca en una situación donde ella va a asumir el sino de la colonia. En la colonia, en México, la violencia no era un producto de tensiones sociales sino que también era… algo oculto.
Ferrero: Los dos tiempos representados en la novela obviamente también hacen referencia a dos sistemas culturales completamente diferentes….
Boullosa: Sí, hay un fuerte contraste entre la cultura Azteca y el mundo católico europeo. La idea es de aventura, la aventura de la Claire europea con respecto al orden mágico, que son líneas completamente opuestas. En México hay una presencia de la religión que es muy opresiva, o así la veo yo. Cuando uno ve esos dioses aztecas tan horrorosos, la imagen del terror, que no tienen piel, que tienen diecisiete cabezas de serpiente, cubiertos con las pieles de otras personas uno no ve ahí ningún intento, ninguna comparación posible con el manto de la virgen europea. La virgen es una imagen a la que a uno le entra el deseo de pedirle que la ampare, los dioses aztecas son el desamparo total. Yo creo que la religión mexicana participa de las dos anteriores, como Claire. Que aunque haya vírgenes, siempre hay algo de amenaza en la religión. Y hay algo territorial y hay algo de opresión y de castigo.
Ferrero: ¿Te consideras católica?
Boullosa: Soy completamente anticatólica. Me parecen unas ideas espantosas, no puedo con el catolicismo mexicano, no lo soporto. No lo soporto porque tengo esta otra mirada desde acá, veo que hay ante todo hay una especie de amenaza y como mujer es horrible la religión mexicana, no voy a generalizar al resto del mundo pero aquí es terrible. Sólo si piensas que hoy, en el año en el que estamos, una de cada dos mujeres antes de los dieciocho años ya tiene un hijo. Es una cosa espantosa y además, lo tienen pensando que es su salvación, pensando que es lo único que es de ellas. Le debemos de dar las gracias por esto al catolicismo mexicano, que es absolutamente abominable. Es una combinación del nominalismo azteca, de la religión medieval que llegó aquí y de Juan Pablo segundo, o de éste otro que tenemos ahora. Sin duda esta mezcla juega un papel en el mundo social mexicano donde en efecto las diferencias de clase son terribles, porque el país no es pobre, somos la economía catorce del planeta, las riquezas son inmensas. En ciertas zonas del DF hay una cantidad de dinero que de verdad es imposible de imaginar, y de ahí tomas el metro y te pasas a unos niveles de pobreza que no ves en Venezuela. La religión ayuda a que esta bomba no estalle. Mis padres eran muy católicos, yo fui a una escuela de monjas, fui todavía a la universidad de los Jesuitas y les tengo una tirria espantosa.
Ferrero: ¿Hay en La Milagrosa una crítica a todo esto?
Boullosa: Digamos que ella pertenece a la religión profana. La novela encarna ese México. Por ejemplo, la gente cuando se enferma va a ver al médico, pero en México no, porque nadie tiene dinero para médicos, cuando se enferman van a ver al curandero, va a comprarse hierbas. Yo escribo fábulas, escribo cuentos y no creo que la literatura directamente, es decir, no creo que cuando uno escribe tenga un sentimiento político directo. Esta política son cosas que yo siento aparte y que seguramente se reflejen en mi literatura. Por ejemplo, muchas veces he tenido ganas de escribir una novela de la virgen mexicana, pero no puedo hacerlo porque tengo demasiada vista, la tengo muy clara con ella, ahí  no tengo sentimientos encontrados. Pero cuando escribo sí tengo sentimientos encontrados por mis personajes, por sus dilemas, sus temores, sus ansias, sí tengo sentimientos encontrados. Ahí hay más espacio, hay un claroscuro, nunca escribiré un libro sabiendo desde el principio dónde va a estar. Escribir es jugar esperando que los personajes actúen.
Ferrero: ¿Significa esto que no sigues el plan literario que te propones en un principio?
Boullosa: Sí tengo un plan, y sí lo sigo, pero no sé cómo van a moverse los personajes allá adentro. Si escribiera un día la novela de esa virgen sabría como se movería, así que no puedo escribirla.
Ferrero: Una pregunta que estarás cansada de contestar, ¿te consideras feminista?
Boullosa: Si no hubiese habido feminismo yo no podría llevar la vida que llevo. Soy de una generación privilegiada, en la que otras pelearon por mí. Por ejemplo, mi abuela no podía saltar la cuerda, y de niña no le dejaron ni tocar la cuerda, ni tocar la pelota, todo esto porque era mujer. Un día que uno de sus primos había dejado la cuerda, ella la tomó e intentó saltar (ahora es muy curioso porque el juego de cuerda es como de niña, pero antes una mujer aquí no podía hacer eso). Bueno, pues tomó la cuerda  y la vio su padre, y la azotó dejándola veinticuatro horas encerrada en su cuarto y cuarenta y ocho horas sin poder comer porque había hecho algo que era completamente indecente, que era tocar la cuerda, un juego que no era para mujer. Ella las vio muy negras y apenas pudo salir de la hacienda se volvió terriblemente feminista. Fue maestra de escuela, maestra rural, estuvo contra los católicos, fue de las que quemaron curas, ¡se volvió una radical! Yo no tuve que hacer  nada de eso, porque yo llegué y el mundo estaba dado. Pero sí veo que en otras clases sociales en México las mujeres no pueden hacer… no pueden saltar la cuerda. Entonces obviamente, yo como ciudadana simpatizo con el movimiento feminista y opino, como Octavio Paz, que fue la única revolución que valió la pena del siglo veinte. Pero como escritora, pues no creo en ningún ‘ismo’, todo lo pongo en entredicho, creo que es el papel de  la literatura, ponerlo todo entre interrogaciones, ponerlo todo entre comillas. No hago proclamas ni respuestas.
Ferrero: Háblame de las  escritoras en México, cómo has percibido la evolución en las últimas generaciones.
Boullosa: Cuando yo empecé a leer y a escribir, leer y escribir profesionalmente digamos, ser mujer era sinónimo de ser buena escritora o buen escritor. Cuando empezamos a publicar los de mi generación, en el 77 y 78, nuestras héroes eran Josefina Vicens, Elena Garro, Inés Arredondo, eran como LAS escritoras, lo más alto. Había una cosa como de que realmente eran excepcionales y cuando nosotros empezamos a publicar, yo me acuerdo perfectamente, había un enorme respeto por cualquiera que fuera mujer y publicara. Nos veían como la maravilla total. Bueno, me acuerdo de cuando le llevé un primer poemario a Paz y la crítica empezó a reaccionar, lo celebraban enormemente porque éramos excepción, todavía. Pero ahora es totalmente diferente, han pasado demasiadas cosas, ya no son excepción las mujeres que escriben, ya hay muchos más lectores para autoras que para autores. Ya no tiene que ver nada con la elite. Ya no tiene que ver con la alta literatura. Y pienso que ahora es exactamente lo contrario, que hay una ecuación involuntaria que dice mujer escritora igual a mal escritor. Bien se puede hacer aquí una interpretación sociológica: antes, como era excepción, lo aceptaba el medio y ahora, después de que las dos grandes best-sellers internacionales mexicanas sean mujeres y que quienes más vendan libros en México sean las mujeres, se rechace.
Ferrero: Y sin embargo, hablando aquí con amigos mexicanos sobre literatura ellos siempre mencionan nombres masculinos.
Boullosa: Sí claro, porque las mujeres ya no tienen prestigio.
Ferrero: ¡Pero tampoco conocen a muchas de las anteriores!
Boullosa: Es que tienes que estar publicando hoy, antes no era así. Por ejemplo, yo misma, me salí de Alfaguara, saqué un libro, el de Cleopatra, en Plaza y Janés y resultó que estaba cambiando el gerente, vamos, que fue un desastre. Ahora saqué la novela en El Fondo, que no tiene la misma distribución cultural, que es poco comercial y de pronto estoy desaparecida, tengo que esperar al siguiente libro que regreso a Alfaguara y entonces otra vez voy a estar en todas las librerías. También hay que tener en cuenta que en México sólo el dieciocho por ciento de la población lee, el promedio es un libro al año. Hay menos librerías per cápita en México que en Haití. Es trágico, así que si no tienes todo el apoyo y el aparato y todo lo demás… no hay un espacio para las novedades, los libros no llegan, hay demasiado desorden, es un desastre. Pero encima de eso yo sí creo que ahorita hay una moda enorme… no quieren saber nada de autoras mexicanas, nada. E incluso en mesas literarias yo menciono a Elena Garro o a Rosario Castellanos y se voltean a verme y dicen ¡estás mal Boullosa, son malísimas! Y yo les digo que están mal ellos, ¡son buenísimas! Pero hay esta especie de moda misógina, y en las nuevas generaciones, uno lo ve, no hay una mujer. No hay. Son hombres, ya no hay mujeres y sí hay una reacción muy fuerte en contra. Yo lo explicaría como que eran excepción, que dejaron de ser excepción y ya sólo eso irritó. Y encima, los best-sellers en México fueron mujeres y aquí la pasión mayor es la envidia, no lo pueden soportar, entonces ni siquiera pueden decir “Bueno, es que Laura Esquivel tiene algo, no pueden ponerlo en su lugar, ya no diré como valor  literario sino como un poder explicarlo. Tiene una explicación sociológica pero no lo pueden explicar, no lo pueden ver, y  simplemente se convierte en una tirria, ya no por Laura Esquivel, ya no por Ángeles Mastretta, es una tirria generalizada.
Ferrero: Alguna idea sobre qué llevó al éxito a estas autoras…
Boullosa: Laura hizo un libro con muchísimo encanto, una película que fue un éxito internacional y además representó un momento político de México muy interesante que fue el Salinismo. Y tanto Laura como Ángeles Mastretta responden a ésta metáfora, o quizá más bien a esa obsesión con la época Salinista. Se las lee en un contexto histórico que las dos representaron y que de cierta manera, encarnaron. Ángeles escribe muy bien, fue periodista, tiene oficio y Laura es muy eficaz, fue guionista. Durante muchos años escribió guiones para películas de muchísima audiencia. Ella sabe muy bien cómo  provocar una reacción sentimental, es muy profesional. No me interesan tanto literariamente, sino más bien como un fenómeno. Entiendo que ellas dos provocaron una reacción, encarnaron un México.
Ferrero: La prosa de Angeles Mastretta me gusta mucho…
Boullosa: Sí, tiene una prosa muy linda, su imaginario a veces es un poco corriente pero tiene una prosa preciosa y tiene muchísimo oficio de periodista y de escritora, pero no tiene eso que tiene Elena Garro, y es que Elena Garro es excepcional. Está su lengua, lo que ella dice directo y después el resto está cargado de metáforas y de sentidos múltiples, cosas ocultas, tiene una densidad increíble. Me gustan mucho sus Recuerdos del Porvenir, Un Hogar Sólido, sus otras obras de teatro son muy buenas también, algunos de sus cuentos me gustan mucho. Y Matarazo no llamó me encanta, porque además está entre las dos Elenas. Elena tenía ese lado feliz, previo, y luego le dio su lado paranoico como el de La casa junto al Río y Andamos Huyendo Lola, pero Matarazo tiene las dos, es la Elena luminosa y es la Elena oscura.
Ferrero: Tú escribiste teatro también, sin embargo es difícil de conseguir.
Boullosa: Sí, no lo vas a encontrar en ningún sitio. No lo he vuelto a editar y en parte he sido yo, porque eran cosas que escribía para la escena, para representar en el teatro, y escribía un poco sobre pedido, buscaba los actores, nos poníamos a ensayar y entonces lo hacía yo casi como para ellos. Excepto una obra que se llama Mi versión de los hechos que me gusta muchísimo y que nunca montamos porque es una producción muy cara, no son dos o tres actos, son muchos, y es muy difícil, es muy rara, no tiene un mensaje directo… sí tiene una anécdota directa, lo que no tiene es una claridad de… de cuáles son los buenos y cuáles son los malos, por decirlo así. Vaya, que comercialmente sería un desastre y nunca la montamos. La sacaron en una edición muy pequeñita.
Ferrero: Hemos mencionado a Remedios Varo y a Elena Garro en diferentes ocasiones, ¿hay alguna línea en común con sus mundos que se pueda observar en los tuyos?
Boullosa: En el mundo de Remedios Varo en todo hay una sorpresa, es  casi como una pintora de la risa y del sueño, también me gusta mucho su narrativa.
Ferrero: Su pintura es en sí  muy narrativa ¿no crees?
Boullosa: Sí, en cada cuadro, en cada lienzo hay una historia que puedes leer de distintas maneras. Está metida ella misma dentro del espacio silencioso de sus cuadros. De silencio musical. No le da ninguna vergüenza ser cursi, ni le da ninguna vergüenza ser propia, y le tiene mucho cuidado a su forma, haciendo siempre lo que le da su santísima gana. Y aunque esté contagiada de su realismo, y contagiada de las modas de su época, es completamente pasada de moda incluso para su época, totalmente diferente, y no tiene ninguna gana de estar en la vanguardia… como decimos aquí, hace de su culo un papalote.
Ferrero: Esto también pareces hacerlo tú. ¿Se asemejan en algo esos mundos con los tuyos?
Boullosa: De alguna manera sí de otra manera no. Porque los tres son mundos  que tienen una sensibilidad completamente diferente. La de Remedios Varo es una sensibilidad no sentimental pero sí muy dulce, y llena de risa. Y aunque haya esa noción del desprendimiento y el exilio en sus cuadros ella tiene algo muy  luminoso. Elena Garro, incluso en su primera fase que yo llamo luminosa, es siniestra. Como su heroína de Los Recuerdos del Porvenir, que pierde todo para nada, es tremenda. Hace una cosa espantosa, se acuesta con un hombre que no la desea, que ella por instante pensó que era la respuesta, pero que es el enemigo natural de su familia, que es el asesino de sus hermanos y que además no la quiere, la desprecia, la va humillando públicamente y por él va a perder  todo su mundo familiar, va a perder la resistencia de su pueblo. Es la anti-heroína, es una actitud espeluznante.
Ferrero: Nunca da una explicación…
Boullosa: ¡Es que no hay! Ni siquiera es un sacrificio como en algunas novelas de Inés Arredondo, aunque sus protagonistas no hacen las cosas descabelladas que hacen las de Elena Garro, lo descabellado que yo también recreo. Elena es siniestra siniestra, horrible, y a mí me encanta. Curiosamente se la puede leer casi como una transparencia del México de su tiempo, una hija de la revolución mexicana, una hija de la guerra cristera, todo es traición, todo son mensajes equívocos, promesas incumplidas y ella es muy consciente de algo que no puede formular y que no puede existir, un espíritu de algo que es terrible, el espíritu de que ella era el México de su tiempo.
Ferrero: ¿Y tu sensibilidad?
Boullosa: No sé, no soy mi lectora pero sé que podría resultar áspera.
Ferrero: ¿En qué sentido?
Boullosa: Pues cuando miras a un cuadro de Remedios Varo, por ejemplo, hay un placer en verlos, los ves y te ríes, no te sientes agredido. Con Elena Garro te sientes desconcertado pero no agredido, y yo creo que con mis mundos uno se puede sentir agredido. Creo. Es un mundo más áspero, definitivamente, aunque a mí me encantaría estar del lado de la risa.
Ferrero: A veces también provocas risa, por ejemplo con el personaje de Andrés en la Otra Mano de Lepanto, me daba tanta pena que me daba risa.
Boullosa: (Se ríe). A mí también, pobrecito. Pero sí es un mundo más áspero, también creo que se puede dar la explicación de que a mí me tocó otro México. A Elena Garro le tocó una promesa, pero yo siento que el México que me toco a mí  es el de la desilusión, es otro mundo. Yo sí creo que hay algunas cosas de risa, y ojalá que mis lectores encuentren placer en leerlo, porque si no, qué chiste, pero sí es un universo más desapacible, más rudo. Digamos que el de Remedios Varo es un universo magnífico, en el que uno quiere estar, aunque sabe que no puede porque sus personajes no tienen piernas, tienen ruedas o alas o otras cosas pero hay una invitación a un paraíso magnífico y lo mío no es paraíso, mis mundos son infernales.

Obras Selectas:
Mejor desaparece. Océano: México, 1987.
Llanto: Novelas Imposibles. México: Era, 1992.
La Milagrosa. México: Era, 1993.
Duerme. Madrid: Alfaguara, 1994
Antes. México: Alfaguara, 1999.
De un Salto Descabalgaba la Reina. Madrid: Debate, 2002.
La Otra Mano de Lepanto. Barcelona: Siruela, 2005.

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